EL ATEÍSMO CONTEMPORÁNEO
Cuando hablamos de ateísmo nos referimos a una posición inicial de partida, según la cual la idea de Dios resulta, sencillamente, superflua y en ocasiones hasta perniciosa, para el hombre libre de nuestros días.
Se parte ya de la negación de Dios, como si este postulado previo fuera la única condición, necesaria para la afirmación del hombre y del mundo. Y se hace no como quien busca, en dicha negación, un fin en sí mismo: confesar la no existencia de Dios parece ser, más bien, el medio para construir un nuevo humanismo, donde el hombre y sus capacidades son la única referencia de todo.
El ateísmo se va convirtiendo, así pues, en el fundamento inicial sobre el cual se levanta el ambiente que nos envuelve, la cultura que nos domina. Toda la actividad social, política o económica parece no tener necesidad de Dios. La inmediatez con que se impone esta ausencia parece no inquietar ni la conciencia ni la voluntad del hombre.
Se vive y se piensa, de hecho, como si Dios no existiera; y para muchos de los que sostienen que sí existe, su relación no se manifiesta en lo cotidiano: ha quedado reducida a poquísimos momentos de carácter tradicional, en los que declararse creyente no compromete, en el fondo, a nada. Recortadas sus aspiraciones más radicales y últimas, el hombre de nuestro tiempo vive y trabaja para tener, y tiene y quiere tener cada vez más para disfrutar. De este modo, se disimula o pasa por alto el conocimiento de la propia finitud, y el hombre se convence de que no hay lugar para una realidad absoluta e infinita.
Para conocer más acerca de esta realidad del ateísmo, presente el siguiente video:


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